pasillotres.
viernes, 16 de enero de 2015
viernes, 24 de octubre de 2014
El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, murmuré.
___________________________________________________________________
El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, susurré.
_________________________________________________________________________
El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, pensé.
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El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, suspiré.
lunes, 2 de junio de 2014
Ya no se qué hacer conmigo.
El tiempo arrasa con todo. Creo que mis virtudes y defectos han cambiado mucho de un momento hasta acá. Tanto han cambiado que me cuesta distinguir lo bueno de lo malo. lo correcto de lo incorrecto, lo justo de lo injusto. Han cambiado tanto que ya me siento parte de esta sociedad.
Jamás he sido problemático. Hago de muchas cosas un problema, la mayoría sin ninguna intención de que así sea. Mi cabeza era sencilla, cualquier traspié me daba fuerzas, y el dolor al caer no era el mismo que hoy. Pasé de gato a ratón, de caer parado y tener más de una vida, a huir y esconderme. Diminuto, frágil.
No tengo consejos.
Coraje me queda solo para discutir.
La valentía no subyace de cruzar una luz roja.
El honor me alcanza para no robar y decir la verdad. Verdad que, considerando mi estado, deriva en más latigazos.
Los sentimientos jamás desaparecerán, por suerte. Mi desgracia, sin embargo, es que el negro y el rojo están en constante conflicto.No hay sosiego.
Pienso mucha incoherencia, tanta que se convirtió en mi raciocinio.
No confío en mi memoria.
Grito mucho pero no digo nada.
Mi libertad es respirar cuando quiera.
Soy un voto en blanco cada cuatro años.
Cuando niño, quería dejar huella,
quería existir, pero también quería vivir.
Quería saber que la gente que me llena
se acordaría de mi.
No busco logros, dinero ni fama.
Quiero irme sabiendo que hice lo mejor
para el resto.
Y no me siento intentándolo.
Todo puede cambiar, sin embargo.
Y es lo que me deja firme, un poco más firme.
El mismo tiempo dirá si seré primavera,
o muera hecho piedra.
Jamás he sido problemático. Hago de muchas cosas un problema, la mayoría sin ninguna intención de que así sea. Mi cabeza era sencilla, cualquier traspié me daba fuerzas, y el dolor al caer no era el mismo que hoy. Pasé de gato a ratón, de caer parado y tener más de una vida, a huir y esconderme. Diminuto, frágil.
No tengo consejos.
Coraje me queda solo para discutir.
La valentía no subyace de cruzar una luz roja.
El honor me alcanza para no robar y decir la verdad. Verdad que, considerando mi estado, deriva en más latigazos.
Los sentimientos jamás desaparecerán, por suerte. Mi desgracia, sin embargo, es que el negro y el rojo están en constante conflicto.No hay sosiego.
Pienso mucha incoherencia, tanta que se convirtió en mi raciocinio.
No confío en mi memoria.
Grito mucho pero no digo nada.
Mi libertad es respirar cuando quiera.
Soy un voto en blanco cada cuatro años.
Cuando niño, quería dejar huella,
quería existir, pero también quería vivir.
Quería saber que la gente que me llena
se acordaría de mi.
No busco logros, dinero ni fama.
Quiero irme sabiendo que hice lo mejor
para el resto.
Y no me siento intentándolo.
Todo puede cambiar, sin embargo.
Y es lo que me deja firme, un poco más firme.
El mismo tiempo dirá si seré primavera,
o muera hecho piedra.
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