acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, murmuré.
___________________________________________________________________
El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, susurré.
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El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, pensé.
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El dolor es insoportable,
acabo de llegar aquí y se siente toda una eternidad.
En las manos, en los pies, en la espalda, en el cuello.
Demonios retorcidos se ensalzan en mi sangre,
juegas con mis extremidades,
me cortan,
me muerden,
me estiran,
me golpean,
me queman.
Ríen.
Ríen como si se tratara de un espectáculo,
como si se vengaran de mí.
Mis músculos se desgarran poco a poco,
y el sonajear de mis huesos se vuelve la música de ambiente.
Mi sangre ahoga la habitación, decorándola con rapidez.
No puedo salir de aquí.
Los gritos no sirven,
no hay perdón, clemencia ni piedad.
El látigo ruge en el aire y mi espalda se quema.
El látigo ruge de nuevo y mi espalda se parte.
Vuelve a rugir el látigo y mi espalda desaparece.
Ahí viene otra vez.
Con el fuego a mi alrededor se va extinguiendo mi alma,
dejando destellos de vida a la deriva.
Ya entiendo el propósito de este lugar,
obliga a rememorar las atrocidades cometidas en viva,
poniéndote en el lugar de quien las padeció.
Una y otra vez.
Mis piernas yacen en un rincón de la habitación,
los huesos de mis costillas fueron arrojados al fuego.
Mi brazo derecho desapareció cuando perdí la conciencia,
no lo puedo encontrar.
De pronto, todo el dolor desaparece,
y con él mis ojos,
mi cerebro y corazón.
Qué alivio, suspiré.

