El tiempo arrasa con todo. Creo que mis virtudes y defectos han cambiado mucho de un momento hasta acá. Tanto han cambiado que me cuesta distinguir lo bueno de lo malo. lo correcto de lo incorrecto, lo justo de lo injusto. Han cambiado tanto que ya me siento parte de esta sociedad.
Jamás he sido problemático. Hago de muchas cosas un problema, la mayoría sin ninguna intención de que así sea. Mi cabeza era sencilla, cualquier traspié me daba fuerzas, y el dolor al caer no era el mismo que hoy. Pasé de gato a ratón, de caer parado y tener más de una vida, a huir y esconderme. Diminuto, frágil.
No tengo consejos.
Coraje me queda solo para discutir.
La valentía no subyace de cruzar una luz roja.
El honor me alcanza para no robar y decir la verdad. Verdad que, considerando mi estado, deriva en más latigazos.
Los sentimientos jamás desaparecerán, por suerte. Mi desgracia, sin embargo, es que el negro y el rojo están en constante conflicto.No hay sosiego.
Pienso mucha incoherencia, tanta que se convirtió en mi raciocinio.
No confío en mi memoria.
Grito mucho pero no digo nada.
Mi libertad es respirar cuando quiera.
Soy un voto en blanco cada cuatro años.
Cuando niño, quería dejar huella,
quería existir, pero también quería vivir.
Quería saber que la gente que me llena
se acordaría de mi.
No busco logros, dinero ni fama.
Quiero irme sabiendo que hice lo mejor
para el resto.
Y no me siento intentándolo.
Todo puede cambiar, sin embargo.
Y es lo que me deja firme, un poco más firme.
El mismo tiempo dirá si seré primavera,
o muera hecho piedra.