Ésta no es tu tierra.
La colina sagrada en donde los dioses del agua y el aire viven,
el vuelo del pájaro en el ala,
el resplandor del sol en el río.
No te pertenecen.
Nunca te han pertenecido.
Tus máquinas de acero e ira
le arrancarían el corazón a la tierra,
arrancarían a los viejos dioses de sus montañas y bosques.
Tu avaricia es el combustible de los metales.
Tus servidores uniformados, con armas en sus manos
tus servidores uniformados, quienes son sólo hombres,
como todos somos hombres y mujeres,
somos hijos de la tierra.
Tu avaricia le pondría fin a todo lo que tenemos,
a todo por lo que vivimos,
pero ésta no es tu tierra,
y no pagaremos el precio de tu avaricia,
y no nos iremos,
no.
No nos iremos tranquilamente, no.
No nos iremos tranquilamente, bajo la terrible noche.
Ésta no es tu tierra, no, ésta no es tu tierra.
Nuestros ancestros vivieron aquí,
los viejos dioses vivieron aquí
mucho antes de que las montañas fueran jóvenes.
Aun así quieres lo que no es tuyo,
la muerte es todo lo que nos ofreces,
y la muerte es algo que entendemos muy bien.
No, no nos iremos tranquilamente,
pese a que haces lo que quieras.
Ofrécenos tus lugares comunes,
alimentanos con tus palabras.
Tus palabras son como tus promesas,
vacías.
Vacías como los ojos de la calavera en la roca árida,
vacías como las cicatrices de la tierra.
Vacías como los estómagos de nuestros hijos
cuando tus máquinas se hayan movido.
Pero cuando sujetemos las armas,
éstas no estarán vacías.
Nuestros bosques, nuestras aldeas,
nuestra tierra, nuestros dioses
y nuestras palabras, no están vacías.
Llámanos como quieras,
terroristas rojos, maoistas, anti-nacionales,
llámanos como quieras, pero nuestra palabra
no está vacía.
Pagaremos con nuestra sangre,
si, pagaremos con nuestra sangre.
Hidrataremos la tierra con nuestra sangre,
y será nuestra tierra.
Nuestras palabras, nuestras promesas,
no están vacías.
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