martes, 8 de noviembre de 2011

Detonador.

…el tono grisáceo que vestía el establecimiento se vio cubierto por un velo rojo intenso, las ventanas quedaron sueltas y las baldosas del pasillo estaban trisadas. A millas de distancia se podía oír el llanto de la gente ubicada detrás de la cinta amarilla, las sirenas de las ambulancias y carros policiales, y el grito de una madre que perdió a su hijo en un atentado sin manifiesto.

Enseguida, los cuatro nos miramos y decidimos abandonar el lugar, lentamente, disfrutando la banda sonora sin pulso ni ritmo.

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