No sabía realmente como generar la conversación, si de manera dulce o abrupta, solo sentía las incontenibles ganas de escupir todo de una vez, guardar silencio, y recibir los filosos resultados.
Al subirme a la micro, decidí limpiar mi mente por un momento, tenía tantas ideas recorriendo el edificio, que temía disparar balas de otra arma, así que recurrí al antiguo método de la música. Fue un camino bastante pacificador, el triste marrón que cubría mi villa se vio revestido por un verde de auténtica primera, además, la gente se veía diferente, todos bien limpios, peinados y perfumados, por un momento pensé que se trataba de alguna especie de señal del destino o que se yo cuanta basura se me pudo ocurrir, pero al menos me sirvió para mantener mi mente en otra vida.
A eso de las 5:30 de la tarde me bajé de la micro y me dispuse a caminar en dirección a su casa, nuevamente, los mil y un pensamientos que se fueron durmiendo en el viaje comenzaron a dar vueltas y vueltas, peleándose entre ellos para poder llegar a la periferia. Caminé en dirección a la cordillera mas o menos diez minutos, luego doblé a la izquierda y me vi parado frente a su casa.
Para continuar con el procedimiento que inicié desde que salí, preferí mantener el perfil bajo y te llamé al celular para no alertar a nadie mas de mi presencia.
Tardaste al menos 15 minutos en salir de tu escondite rosa, con tu cara bien puesta y tus largas piernas, caminaste en dirección a la reja por sobre las piedras que invitan sin preguntar.
En ese instante, un frío descalcificador invadió mi cuerpo en el preciso momento en que tus lentos brazos sin vida se enrollaron en mi cuello. Fugazmente, me sentí conectado contigo como nunca antes lo estuvimos. Indecisión y tristeza fueron algunas de las arpías que pude percibir durante el breve regocijo, el cual me impulsó aún más a sentenciar el extraño y particular momento.
Media hora me tomó deshacerme de todo lo que me pudría el alma y no me dejaba dormir ni en luna llena. Cada palabra que emitía era respondida con un gesto de amargura por parte tuya, en ciertos momentos, me sentía como el criminal mas patético que haya existido, pero no podía detenerme, mi boca ya había perdido las riendas y simplemente se dedicó a comunicar lo que mi corazón callaba desde hace años.
Cuando por fin vacié el cargador y oculté los dientes, noté como tu cuerpo acarició el pavimento con la delicadeza de una hoja en otoño buscando destino. Tus manos temblaban y tus ojos saciaban su sed con agua de mar mientras buscaban explicaciones en el verde del césped.
Sin ningún remordimiento emprendí mi rumbo a casa mientras tus insultos luchaban por calentarme la sangre. Definitivamente era la reacción que esperaba, como si te hubiesen condenado a la oscuridad eterna, como si te hubiesen dejado sin paraíso.
Enseguida, alcé el brazo y me subí a la micro que me llevaría a donde empecé. Sin mayores cambios en mi estado de ánimo, el viaje fue tranquilo como al principio, con la única diferencia de que ahora un rojizo y cálido atardecer me escoltaba a casa. "Todo fue muy extraño" pensé mientras la micro avanzaba, no me sentía diferente ni en lo mas mínimo, es como si me hubiese quedado en casa todo el día. Me pregunté si todo lo vivido valió la pena, si a la larga me hará crecer o solamente fue un trámite con algo de pasión rutinaria e inmediata.
Llegué a casa después de un corto viaje.
Sin sol, sin sociedad, sin sentimientos. Giro la llave, voy a la cocina a prepararme un té de naranja, Elvis en la radio, luz apagada.
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