Un año tardé en darme cuenta que serías tú la persona encargada de mostrarme un camino diferente, uno que nunca creí posible, ya que los grilletes que hoy miro desde lejos jugaban a los jueces y verdugos.
Provienes del infierno templado, del paraíso sin Eva, de un joven sauce y del vientre de Afrodita. Cada uno forjó tu ser con el cariño más dulce y firme que ningún mortal podría imaginar, creando así al ángel ondulado que con manos de cristal me acaricia en tardes naranjas.
Me deslumbra tu sutileza a la hora de realizar las cosas, de conversar, de reír y de llorar. Cada batir de pestañas, cada suspiro, cada cigarrillo y cada palabra que entrelazamos es el material que se encarga de construir el camino a mi Roma cada día. Por eso es que hoy sonrío, por eso es que el fuego ya no me asusta y mis perseguidores basilan antes de actuar, por eso cada sol lo vivo a pleno y cada luna la sueño llena. Por eso es que te doy las gracias e insisto con un eterno "te quiero".
Estoy feliz, me siento ligero y mi alma descansa hoy gracias a tu ayuda y apoyo incondicional. Si escribo todo esto es porque lo siento, porque lo necesito, porque me gusta, y porque tú me enseñaste.
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