Algo dijo tu tímida silueta, que frágil y serena susurró un deseo.
Algo dijeron tus ojos cuando se aferraron a los míos, y con dulzura los invitaron a quedarse.
Algo dijo tu boca, que ansiosa se dispuso a conocerme.
Algo dijeron tus manos con auténtica suavidad, que juguetonas contaban mis defectos.
Algo dijo tu cuello, que me obligó a escucharlo de cerca.
Algo dijeron tus senos, que incesantes buscaban el cielo a través del techo.
Algo dijeron tus piernas al momento de presentarme, mientras sujetaban el muro que separaba al cielo del infierno.
Algo dijo tu alma cuando subió al cielo en una blanca nube, y algo dijo cuando regresó en una oscura.
Algo dijeron tus manos cuando terminó el conteo.
Algo dijo tu cuerpo que ya no me conoce.
Algo dijo tu rostro gris que se mezcla con la sangre que te molesta.
Algo dijo el café amargo en el centro comercial.
Algo dijo la revista de condorito del noventa y nueve.
Algo dijo mi barba cómplice de la mente que me retuerce.
Algo dijo la húmeda almohada que cada noche me recuerda lo que valgo.
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